Testimonios Rolfing®

En este apartado mostramos el cambio y las sensaciones vividas por personas que han iniciado recientemente el camino del Rolfing, contado con sus propias palabras.

Daniel López

Economista, 41 años

Antes de realizar las 10 sesiones, y a pesar de un práctica regular de Iyengar Yoga de varios años, tenía la sensación de que mi cuerpo era una estructura que tenía que llevar a todas partes. A pesar de gozar en general de una buen salud, tenía la sensación de que la relación con mi cuerpo era incompleta de alguna forma. Tenía viejos hábitos y tendencias posturales que quería corregir.

Tras las sesiones tengo mucho más la sensación de una mayor integración de las partes de mi cuerpo, de su relación entre ellas. Percibo el cuerpo más como una herramienta que me ayuda a ir de un sitio a otro y usarlo para hacer las cosas de mi rutina con un menor esfuerzo, frente a la sensación anterior de ser yo quien tiene que «cargar» con el cuerpo para ejecutar cualquier acción.

A nivel general podría afirmar que mi concienciación corporal no solamente se ha agudizado sino que también ha variado hacia un enfoque más global. Noto más el peso de mi cuerpo sobre el suelo (lo que me ayuda a conectar más con el presente) y mi percepción de la respiración es mucho más amplia y mi conexión con ella más inmediata.

He acumulado y aprendido numerosos recursos que me ayudan a por ejemplo tener una mayor eficiencia en mi andar, a tener una mayor corrección postural al sentarme en la oficina a trabajar, a profundizar en mi práctica de yoga sin tener la sensación de recurrir un esfuerzo agotador o a simplemente encontrar goce en esperar en una cola de una oficina bancaria.

Me gustó especialmente aprender a explorar las diferentes posibilidades que el cuerpo nos da de estar, de movernos o relacionarlos con él y la implicación y significado que esto tiene en diferentes formas de ser y de las alternativas que hay de relacionarme con la realidad que me rodea, especialmente la conexión del cuerpo con mi manejo de las emociones. Darme cuenta que el cuerpo es una herramienta que puedo usar como crecimiento personal ha sido especialmente revelador e inspirador.

Me ha valido mucho la pena por lo mucho que me ha ayudado en mi camino de autoconomiento y de dar una perspectiva tan diferente y enriquecedora.

Sin duda, lo recomendaria! Fuensanta no solamente tiene un conocimiento muy amplio por su experiencia y formación, ha tenido también una relación muy profesional y atenta así como una empatía y entendimiento con ausencia absoluta de juicio de valor. Ha creado el mejor marco posible para poder que mi experiencia con ROLFING haya sido lo más completa posible.  

Juan Carlos García

Prejubilado, 59 años

La forma de andar cambió, trayendo como consecuencia toda una cadena de cambios no sólo físicos, sino también emocionales. Salía de la consulta como andando sobre un colchón de nubes, muy ligero, estirado y con una actitud renovadora y más optimista ante los estímulos externos.

A los pocos meses, en Noviembre, caí enfermo de gravedad, ingresando en la U.V.I. al borde de la muerte a primeros de Mayo del año siguiente. Me diagnosticaron cirrosis hepática autoinmune, con sobrepresión portal y varices esofágicas. Gracias a Dios he salido adelante sin trasplante.
 
Aunque no lo recuerdo bien, creo que fue dos años antes de caer enfermo que comencé a asistir a las sesiones de Rolfing de Fuensanta a causa de dolores de espalda, hombros, pies, etc. y, sobretodo, porque me estaba encorvando peligrosamente, debido a mi 1,90 de estatura, una operación de hernia discal L5-S1 a los 39 años con aplicación de tornillos de osteosíntesis que me hacen compañía de por vida y una vida sedentaria.
 
Físicamente mi calidad de vida era regular, ya que se aunaban otros aspectos agravantes que incidían negativamente en aquélla y eran acumulativos. Por ello decidí, antes de que fuera demasiado tarde, asistir a las sesiones de Rolfing mencionadas. Sentí que necesitaba ser “enderezado” y revitalizado, haciendo hincapié en aquellos lugares de mi organismo que se encontraban más débiles, rígidos o poco movilizados.
 
Cuando empecé pude descubrir, guiado por la sabia experiencia de Fuensanta, nuevas sensaciones que me hablaban de mi mismo cuerpo, una nueva consciencia de mí mismo que me daban muchos datos acerca de cómo guiar mis pasos hacia una postura corporal y actitud más positiva, expansiva y enfocada hacia adelante.
 
La forma de andar cambió, trayendo como consecuencia toda una cadena de cambios no sólo físicos, sino también emocionales. Salía de la consulta como andando sobre un colchón de nubes, muy ligero, estirado y con una actitud renovadora y más optimista ante los estímulos externos.
 
En cada sesión Fuensanta se aplicaba sobre una zona determinada del cuerpo, trabajando ambos lados, el izquierdo y el derecho, logrando un equilibrio óptimo. Todo ello apoyado con preguntas que me hacían mirar a mi cuerpo y a mi mente lo que sentía. Reconozco que mi autocontrol e introspección han aumentado mucho y estoy más atento a lo que pasa en mi cuerpo y mente.
Lo que más me ha ayudado es ese apoyo que Fuensantanta sabe dar que logró despertar en mí una reacción, una auto visión de mis posibilidades posturales y de actitud ante los estímulos externos del día a día. Y lógicamente mi cuerpo ha cambiado con sus manipulaciones a mejor. Por ejemplo, mis pies ya van mucho más paralelos al andar, con el consiguiente mayor equilibrio que ello aporta.
 
Sin duda ninguna mereció y sigue mereciendo la pena el coste de las sesiones, ya que he aprendido que el cuerpo y la mente que va unida a él son algo muy importante y la salud no tiene precio.
Desde aquí me gustaría recomendar esta técnica a las personas que sientan su cuerpo como algo que hay que llevar con esfuerzo durante el día, que les falta esa vitalidad que nos hace saber que vamos por el buen camino, al menos físicamente.
 
Espero que esta breve descripción de mi experiencia le haya sido útil a quien me lee. Sólo con eso, me siento satisfecho.

Cristina Rodríguez

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Nunca olvidaré el primer día. La primera sesión con ella cambió mi vida para siempre: en mitad de la sesión sentí que volvía a respirar y al salir la posición de mis pies había cambiado, se había hecho perfecta, y se hizo perfecta para siempre.

 Y en mi cuerpo hubo más cambios, y en el modo de moverme, y los hubo en mi mente, y esos cambios se hicieron permanentes, hasta el punto de sentir haber encontrado el modo natural de estar y que en mi cuerpo y en mi vida habían entrado la armonía y el ritmo. Ahora soy consciente de mi postura, de la posición que ocupo y del espacio que me rodea. Yo muevo mi cuerpo y no es mi cuerpo el que se mueve como puede.

Hace mucho tiempo que digo que Fuensanta es la persona más importante de mi vida.

Conocí a Fuensanta hace unos años cuando yo me encontraba en un momento de bastantes dolores, permanentes y restricciones físicas molestas a causa de una gran escoliosis que se desarrolló en mi adolescencia. Tenía dolor en la espalda todos los días todo el día y mi sensación y realidad corporal era que no podía mantenerme erguida y me derramaba sobre mí misma porque mi columna no me sostenía.

Ahora, hay muchas ocasiones, salvo cuando estoy muy, intensamente, estresada, en que, como vivo y me muevo con consciencia y control de mi cuerpo, siento que mi espalda no tiene la S de la escoliosis. Me queda trabajo por hacer, conseguir que yo sea más fuerte que el estrés y no me haga perder el control de mis sensaciones y de mi cuerpo pero estoy en el camino y, con la ayuda de Fuensanta, se que lo conseguiré. Ella me ha ayudado a vencerme, a corregirme y a educarme a mí misma.

Hubo cambios en el modo de usar mi cuerpo, ahora soy consciente de la administración del espacio, de la posición, de la postura, del tiempo, he aprendido a planificar los movimientos, en segundos, a utilizar el espacio y la gravedad a mi favor, en suma, las claves ahora para mí son consciencia y control. También he aprendido a ver la conexión entre mi cuerpo, mi postura y mis pensamientos y vivencias. He llevado la conciencia de mi propio cuerpo y la comunicación con él a un nivel superior. 

Nada más empezar mi terapia con Fuensanta decidí aprender a nadar y, hubo momentos en que los cambios en mi cuerpo eran tan acelerados que mi monitor de natación notaba que cambiaba mi forma de nadar de semana a semana.

Tengo que reconocer que hay una herramienta que Fuensanta usa mucho, altamente sofisticada y poderosa, su codo. Su codo es inolvidable. Quien lo ha probado lo sabe, quien lo experimente lo entenderá.

Una de las cosas que siempre le pido a la vida es que me permita estar en situación de seguir acudiendo a Fuensanta siempre, cada mes o dos meses, como vengo haciendo desde hace diez años. Ahora no puedo imaginarme cómo serían mi vida, mi cuerpo y mi salud si no la hubiera conocido.

Yolanda García

Empresaria, sector sociosanitario

Desde hace tiempo yo ya estaba inmersa en un proceso de trabajo personal y me encontraba un poco “atascada”. Necesitaba desbloquear algunos aspectos que no sabía cómo trabajar y que se manifestaban en modo de contracturas y bloqueos de articulaciones y rangos de movilidad.

Es muy difícil conseguir que los avatares de nuestro día a día no nos afecten y a mí me afectaban demasiado; no podía mantener mi equilibrio mientras acontecían sucedidos a mi alrededor y esto me afectaba somatizando físicamente en mi sistema  músculo-articular.

Es muy difícil conseguir que los avatares de nuestro día a día no nos afecten y a mí me afectaban demasiado; no podía mantener mi equilibrio mientras acontecían sucedidos a mi alrededor y esto me
afectaba somatizando físicamente en mi sistema musculo-articular. Encontré a Fuensanta a través de otro profesional que me derivó a ella.

Comenzamos con tres sesiones de Somatic Experiencing y solo tres fueron las necesarias para ir eliminando los bloqueos emocionales que, a su vez, provocaban los físicos. Esta fue la base para realizar, a continuación, el proceso de Rolfing.

Ambas terapias me han ayudado a relajar el cuerpo de forma que todo el bloqueo acumulado durante muchos años, se ha ido eliminando y, sobre todo, haciendo que mi cuerpo no siga reaccionando de la misma manera ante los eventos diarios.

Ahora me resulta mucho más fácil gestionar mis reacciones ante todo lo que viene de fuera porque mi nivel del sistema nervioso está
mucho más normalizado. Para mí esta terapias han supuesto la llave para conocer como responder ante los estímulos externos y, por tanto, como volver a la normalidad tras cualquier agresión externa (un mal gesto, una mala experiencia, un enfado, algo
que no sale bien, etc, etc) de todas las que tenemos en nuestro día a día.

Soy deportista y en esto también ha habido un antes y un después: ahora tengo mucho más rango de movilidad en ejercicios gimnásticos, más fuerza, mas flexibilidad y mi recuperación es más rápida sin quedarme “enganchada” a las contracturas.

Ha merecido la pena la inversión. Creo que es una terapia que todos deberíamos hacer aunque no es milagroso; requiere de un trabajo personal y de complementarlo con otras actividades y/o terapias que ayuden a que sus resultados se mantengan y sus efectos no desaparezcan.

Alejandro N.

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Octubre de 2005. Me entero de una noticia que me produce mucho miedo. Al día siguiente, estoy en Urgencias para ser operado de apendicitis. El post-operatorio se convierte en un gran sufrimiento y una nueva toma de conciencia. Una y otra vez mi mente se pregunta por qué ha ocurrido. ¿Por qué, no tenía recursos emocionales para afrontar ese miedo? Por esas fechas ya había hecho mella en mí la temible ansiedad, esa enfermedad tan moderna que nos amarga enormemente la vida. Había estado sumergido en terapia psicológica para poder comprender por qué tenía ansiedad. Unos 2 meses después de la operación de apendicitis, estoy enfrente de Fuensanta hablando sobre el tema. Un familiar me ha aconsejado hablar con ella. El Rolfing puede ayudarme. ¿Cómo? Mi primer pensamiento está encaminado a cómo el Rolfing me puede ayudar para recuperar mi tono físico después de la operación. Pero tras la primera sesión con Fuensanta, salgo de su consulta con un propósito y una nueva visión de mi cuerpo. El propósito: SER CONSCIENTE.

Antes de la 1ª
Después de 10ª
1 año después

Sobre todo ser consciente de mi actitud ante las cosas que ocurren. Cómo ando yo en mi vida. La visión: Mi cuerpo refleja muy fielmente mi actitud ante la vida.Así que en ese mismo momento en el que abandono la sala empieza mi viaje de consciencia a través de mi cuerpo. Empieza un trabajo de darme cuenta cuál es mi actitud en cada una de las situaciones que debo afrontar. Como reacciono, qué valora más, por qué actúo de esa forma. ¿Y mi cuerpo?, ¿que es lo que me está diciendo?.

Durante este viaje de 10 sesiones, tuve la experiencia de tener dos rolfers acompañándome. Fuensanta en Madrid y Tom Gustin en New York. De cada uno aprendí lo que tenía que aprender. Y al cabo de unos meses mi cuerpo ya empieza a expresar mi cambio de actitud y mi nueva forma de afrontar situaciones.

Vuelvo a ver a Fuensanta y decidimos empezar una serie de sesiones. Cuando empiezo mi cuerpo refleja que el peso recae sobre el lado derecho de una forma muy pronunciada. Mi musculatura del lado derecho está mucho más desarrollada que la del lado izquierdo. Nunca antes había sido consciente del desequilibrado que mostraba mi cuerpo. (Serie de Fotos 1: Enero 2005) y empezamos a trabajar. No solo con mi cuerpo, sino con mi actitud. Con mi darme cuenta. Con mi ser consciente.

Una vez más, un nuevo y trágico suceso se cruza en mi camino, mi cuerpo se duele nuevamente. Con el tiempo sabré que se trata de una gastritis crónica y bloqueos linfáticos. Otra situación difícil en la vida la cuál hay que afrontar de la mejor forma que sé. Después del suceso, visito a Fuensanta para acabar mi 10 sesión inicial de Rolfing. (Serie 2 de fotos -Noviembre 2005). Aunque yo me siento dolorido por el trágico suceso mi cuerpo ha experimentado un gran cambio. Yo también. Empieza a equilibrarse. A ser más consciente de lo que ocurre. Durante este tiempo me convierto en un ansioso por sanar mi cuerpo. En este punto, mi ansia por saber y sanar me ha llegado a tener cierta información de por qué somatizamos problemas emocionales en nuestro cuerpo. Y ahora lo estoy experimentando intensamente. Así que, como un caballero de la mesa redonda, me pongo en camino a buscar mi Santo Grial. Me pongo a buscar el equilibrio. La paz interior que todos buscamos y que muy pocos encuentran. Mi vida se convierte en una obsesión por recuperar la salud perdida. Visito todo tipo de terapias: Medicina tradicional, Kinesiologia, Acupuntura, medicina China, medicina Japonesa, terapia craneo-sacral, reflexología, tomatis, meditación, Reiki, medicina Ayurveda, Chi Kung, taller de Rolfing con Fuensanta, sintergética, Almagram y alguna más que me habré dejado sin mencionar. Pero, sigo teniendo dolores. Unos días suaves, otros días muy intensos.

Cada día que paso en mi busca, soy más consciente de mi cuerpo, de mi mente, de mi alma. Me convierto en un observador de mi mismo. Cada día consigo ser más consciente de cuando yo utilizo mi mente para irme al pasado, o para planear el futuro. Pero qué poco, qué poco tiempo dedico a disfrutar del presente.

A estás alturas puedo decir que soy bastante capaz de ser consciente de qué ocurre en mi mente. De que ocurre en mi cuerpo. De por qué tomo una decisión y no otra. De cómo aprendo y como me afecta. De cómo percibo la realidad. De cómo la experimento. De cómo la siento. Qué emoción se produce en cada instante. Me doy cuenta que he avanzado mucho o no. Aún así, estoy mucho más dolorido que nunca. Pero lo que he aprendido es que el dolor no me afecta. Ya no me produce ira. Me ocupa, pero no me preocupa. Ahora el gran cambio que se ha producido es que al dolor lo mimo. Es mío. Yo lo produzco. ¿Por qué lo voy a odiar?

Es hora ya de hacer otra visita a Fuensanta. A ver que me puede aportar en estos momentos el Rolfing. La primera impresión de Fuensanta es de grata sorpresa. Mi cuerpo ha cambiado muchísimo. (Serie de Fotos 3: Enero 2007). Todavía mi cuerpo está ligeramente inclinado sobre mi lado derecho, pero ya se percibe una posición más equilibrada. Una mirada hacia al frente. Unos pies apoyados mucho mejor en la superficie por la que pisan. Unas rodillas con menos tensión. Músculos más relajados. Incluso una sonrisa más amplia.

Fuensanta está muy contenta de ver los progresos que hemos hecho juntos. Yo también. El Rolfing fue quizás uno de los detonantes en busca de mi santo grial. Estaría mintiendo si no dijera que Fuensanta ha influido notablemente en mi disposición a ser más consciente de la realidad.

¿Qué ha ocurrido? Bueno, es difícil de explicar o no. Pero durante este tiempo he sido muy, muy, muy consciente de cada una de las cosas que me han pasado en mi vida. Quizás la enfermedad se vaya o no. Quizás la enfermedad sea buena o no. Lo que si parece es que la enfermedad me ha llevado y me está llevando a ser consciente de cada uno de los segundos de mi vida. Tanto como si los disfruto, como si los dejo pasar: Soy consciente de ellos. El Rolfing fue uno de los detonantes. Observando mi cuerpo me he convertido en un ser consciente.

Para concluir le doy las gracias a Fuensanta y a Juan por haberme permitido conocer el Rolfing. El Rolfing fue para mí, un empujón al descubrimiento de que todo, todo, absolutamente todo se vive de una forma más tranquila y armoniosa con la consciencia de SER.

Luis H.

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Hace unos meses empecé las sesiones de rolfing. Me acerqué a esta forma de terapia con precaución pues sólo había leido algo sobre el tema y no sabía que me iba a encontrar. La primera entrevista de información me dió más confianza y me decidí a empezar.

Ya en la primera sesión notaba, mientras la terapeuta trabajaba conmigo, una sensación de apertura y liberación de algunas partes de mi cuerpo. Después de esta primera sesión me fui a casa con una sensación nueva y mejor de mi cuerpo. A esto contribuyó no sólo el trabajo físico que la terapeuta hizo sino también las indicaciones y observaciones que ella hacía sobre mi postura y mis hábitos al moverme. Muy importantes han sido para mí los consejos y pautas que me ha dado para realizar entre sesiones,especialmente un par de ellos muy sencillos de poner en práctica y que sin embargo provocan un cambio significativo en mi manera de moverme y sentirme.

Antes de la 1ª
Después de 10ª

He de decir que no siempre he notado cambios inmediatos después de una sesión. A veces me he ido a casa sin ninguna sensación especial, y sin embargo, al cabo de unos días he notado algo diferente en mí.

¿Qué cosas he sentido con el rolfing? En mi caso sobre todo ha sido la sensación de ir más erguido, de quitarme un gran peso de la espalda que me oprimía al caminar y al estar de pie. Para mi esta sensación no es sólo una cuestión de estética sino que lleva aparejadas muchas más cosas. Al verme más derecho siento más confianza en mi mismo porque creí sinceramente que nunca iba a cambiar y ahora veo que si se puede. Esta confianza se manifiesta después en todos los aspectos de la vida y los demás también lo notan. Varios conocidos míos(algunos de los cuales no sabían del tratamiento de rolfing que estaba recibiendo) han hecho comentarios espontáneos sobre que me veían más erguido, más «derecho».

También tengo una sensación de respirar más profundo y de que mi cuerpo se mueve sin que yo tenga que forcejear con él continuamente, como si todo él estuviera más»ensamblado». El brazo no va ahora medio metro por delante del cuerpo y la cabeza no es tanto esa cosa pesada al final del cuello tan difícil de sotener sino que se mueve todo con menos esfuerzo y más ligereza. A veces, me sorprende a mí mismo algún gesto que hago y ,que denota más confianza en mi mismo, más seguridad. Me sorprendo cuando me siento y no siento la tentación de ladearme en el asiento ni de vencerme hacía adelante,sino que el cuerpo me pide estar erguido y lo hago de forma muy natural. Me sorprendo también cuando estoy con gente y siento mucho menos la tendencia a encogerme y encorvarme provocada por la timidez. Mi cuerpo ahora se resiste a hacerlo y pelea por estar erguido. Me sorprendo cuando estoy en un centro comercial y al verme en algun espejo tengo una imagen más erguida de mi mismo. Antes no sabía como podía ser esa sensación e intentaba «estirarme» sin saber muy bien como y casi lo único que obtenía era una sensación de forcejeo. Tengo por último un sentimiento de controlar más el espacio que me rodea o de que mi cuerpo responde mejor a mis deseos.

Hace unas semanas terminé un ciclo de 10 sesiones de rolfing y la terapeuta me mostró las fotos del antes y del después. Eran cuatro fotos y en todas ellas se apreciaba la diferencia(sobre todo yo la vi en una de perfil) pero me pareció poco comparado con la diferencia que siento yo por dentro y que redunda en una mayor confianza en mi mismo, y esta confianza me impulsa a abandonar viejos hábitos(que yo creía muy difíciles de abandonar) y a abordar otros nuevos y nuevos proyectos también.

Soy consciente de que aún tengo que seguir trabajando on mi cuerpo pero ahora lo puedo hacer desde una perspectiva más confiada.

Cristina Alcázar

Arquitecta y Arquitecta técnica

Por mi trabajo y el estado de estrés que éste me generaba, notaba que mi cuerpo estaba adoptando posturas y costumbres que no favorecían a disminuir dicho estrés. Lo que me generaba una especie de circulo vicioso que hacia que no estuviera cómoda con mi cuerpo ni mis hábitos. Lo más gracioso es que cuando estás en ese estado no eres consciente de ello y de que se puede cambiar.

Me recomendaron asistir a Rolfing con Fuensanta y en la primera sesión fue como abrir los ojos y descubrir unas sensaciones nuevas para mi. Ese día salí de la consulta cargada de energía y fuerzas para cambiar mi postura y mi actitud. No solo cambio mi punto de vista mental sino que físicamente notaba que había crecido y mi punto de vista físico era distinto. Fue un impacto importante y un cambio a la hora de relacionarme con el entorno y conmigo misma, como reafirmarme a mi misma en la tierra.

He aprendido a tomarme unos minutos y respirar, a ser consciente de mi postura y corregirla, he descubierto articulaciones y movimientos en mi cuerpo que estaban bloqueados y a descubrir como sesión tras sesión mi cuerpo se iba transformando poco a poco sintiéndolo más ligero y ágil.

Lo que más me gusta de estas sesiones es la sensación que producen cuando te levantas de la camilla y notas los cambios, es asombroso entrar caminando de una forma y salir caminando de otra.

Recomiendo este tipo de tratamiento no solo por la parte física y postural sino porque te ayuda a conocer tu cuerpo mejor y sentirlo.

Muchas gracias Fuensanta por abrirme los ojos y hacerme sentir.

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